Haruki Murakami por Ángel de León

Creo que mis otros textos (los que no van de fantasía / disparos) evidencian que el autor que mayor influencia ha ejercido sobre mí, es Murakami. No podría expresar una opinión en particular sobre «qué tan buena» me parece su obra, lo que sí puedo decir es que en el año 2012 leí Tokio Blues y me marcó para siempre. Hacía un par de meses había vivido eventos similares a los de esa novela y me identifiqué a un nivel muy profundo, he leído el primer capítulo tantas veces que casi puedo recitarlo de memoria. Incluso en la novela que yo escribiría sobre esos eventos de mi vida (Polvo de Sakura) era incapaz de plasmar tan bien lo que sentí como Tokio Blues lo hacía.

A lo largo de 9 años, he leído toda la obra Murakami, siendo «Los años de peregrinación del chico sin color» y «Kafka en la orilla» mis favoritos. «Sputnik mi amor» es probablemente el que menos me gusta, y aún así influyó bastante en mi novela Kiss the Rain.

Como novelista ensoñando el debut, siempre he tenido muy claro que mis lectores en cuestión serán también aquellos que gustan de Murakami. A veces la intertextualidad es divertida.

El texto aquí presente fue una suerte de juego en el que quise parodiar el infame bingo Murakami, pero cada párrafo mandaba al diablo mi escaleta porque, al conocer tan de cerca sus tropos, se abría un mundo de posibilidades.  Al final quedé satisfecho.

MasticadoresMéxico // Editor: Edgardo Villarreal

 

eb623858673795.5a04b71ce6a02 Imagen por Elia Bonetti

 

En el limbo que siguió a mi cumpleaños veintinueve, sólo pensaba en morir.

Aquella noche había cerrado las puertas de mi bar de jazz para siempre. Las cerré tras de mí y, mientras me alejaba, el solo de My Melancholy Baby de Charlie Parker casi me jala de vuelta. Sabía bien que la música no provenía del interior, era un sonido que sólo existía en mi mente.

Encendí un cigarrillo Seven Stars y me eché a andar sin mirar atrás, ni siquiera de reojo. En verdad no tenía a donde ir; claro que tenía una casa, aunque no por mucho más tiempo si ya no podía sustentar la renta, pero no tenía un lugar al cuál llegar. Dejé que la noche me llevara hasta un campo de baseball fuera de una escuela y decidí quedarme a ver el partido para salir de mí mismo…

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